Hiperrealidad y Redes

¿Y si la realidad no superara a la ficción y fuera, en sí misma, una ficción?

Es 23 de mayo de 2014, en California. En la Universidad de Santa Bárbara, en Isla Vista, todo transcurre con la normalidad esperada. Mientras tanto, en YouTube aparece un vídeo publicado por el joven Elliot Rodger, de 22 años, titulado “Elliot Rodger’s Retribution”. Esa misma tarde, asesinó a seis personas, hirió a otras 14 y se quitó la vida.

¿Qué explicación se puede dar a estos asesinatos? ¿Qué pudo haber precipitado los actos de Elliot?
Existen varias teorías que apuntan a sus problemas psicológicos, diagnósticos previos y tendencias personales. Sin embargo, lo que quedó documentado por el propio Elliot fue su manifiesto —enviado a sus familiares y terapeuta— y el vídeo, actualmente eliminado de YouTube. En ellos expresaba su intensa sensación de injusticia, sus sentimientos de frustración y envidia, provocados por el rechazo sexual que decía sufrir por parte de las mujeres. Según su relato, este “rechazo” condicionó su visión del mundo, sus interacciones, su interpretación de las estructuras sociales y de poder.

Estamos ante el primer asesinato en masa perpetrado por un joven identificado como “incel”. Elliot creía que merecía atención femenina por su estatus y apariencia, y consideraba injusto que las mujeres eligieran a “hombres inferiores”, según su propio criterio. Para él, la libertad sexual de las mujeres era un error del sistema moderno y una de las principales causas de su sufrimiento.

En su visión, los hombres con vida sexual activa eran responsables indirectos de su dolor, por lo que también dirigía hacia ellos su odio. A menudo los llamaba “chads” o “machos animales”. Esta era su realidad, su percepción del mundo, construida en torno a su experiencia personal de llegar virgen a los 22 años. Sin embargo, él no era un caso aislado, sino el síntoma más radical y extremo de una ideología compartida por un colectivo surgido en foros de internet: los “incels”.

La realidad es un fenómeno moldeado por las experiencias del individuo, sus esquemas mentales, aprendizajes e interpretaciones. Es un constructo individual condicionado por la estructura social, los colectivos a los que se pertenece, reformado por la cultura y manipulado por los medios.

“Lo real no desaparece en beneficio de lo imaginario, desaparece en beneficio de lo que es más real que lo real.
—Jean Baudrillard

¿Qué visión de lo real puede tener una civilización marcada por el mundo de las redes sociales? ¿Qué podemos esperar de una comunicación basada en la apariencia y la imprecisión? ¿Cómo construir un relato certero de lo que ocurre a nuestro alrededor en un contexto donde la desinformación y la apariencia sin contenido se han convertido en reglas del juego?

Ya en 1983, Jean Baudrillard desarrolló su concepto de hiperrealidad.


Nadie puede nada contra esta circularidad de las masas y de la información. Cada uno de los dos fenómenos está hecho a la medida del otro: ni la masa tiene opinión, ni la información informa: una y otra siguen alimentándose monstruosamente. La velocidad de rotación de la información aumenta el peso de las masas, y no es en absoluto su toma de conciencia.
—Jean Baudrillard, Las estrategias fatales, 1983


La hiperrealidad es un concepto desarrollado en Simulacro y simulación, donde desaparece la conexión entre el simulacro y la realidad a la que hacía referencia. La realidad queda excluida de la ecuación y solo permanece su representación. Es una fabulación constante, consumida sin descanso por individuos alejados de la experiencia directa que debería dar contenido a aquello que observan.

La división entre lo real y lo imaginario desaparece. Baudrillard sostiene que la realidad ha sido sustituida por un sucedáneo de sí misma, sin referente. Con la proliferación de las redes sociales, las representaciones individuales y colectivas de lo que es y debe ser la vida se han multiplicado. Esto ha reducido la pluralidad de circunstancias que moldean los acontecimientos, limitando el discurso a una versión simplificada y sesgada de lo real, adaptada a las necesidades del individuo, que ya no cuestiona, sino que interpreta en base a sus premisas y preconcepciones.

Hablamos de la simulación de la vida de los usuarios, donde lo que narran constituye una nueva versión de lo real, sin referencia a nada previo a la interpretación. Lo colectivo construye esta narración en la medida en que la observa y la reproduce.

Comunidades enteras, regidas por dinámicas de grupoprejuicios y sesgos, son alimentadas a diario por la simulación de una realidad diseñada a su medida, conveniente e incuestionable. Están limitadas por la espiral del silencio, por las cámaras de eco propias de los entornos digitales tóxicos en los que se gestan, y emplean un lenguaje propio para definir su “verdad” y su realidad circundante. Es un juego de rol a gran escala, arbitrado por internet y sus medios, y controlado por algoritmos que muestran a cada usuario la información necesaria para reforzar su visión del mundo, cargándola de argumentos vacíos y sin réplica.

No es casual que los propios “incels” utilicen los términos “red pill”, “blue pill” y “black pill” de Matrix, una realidad simulada en un futuro distópico dominado por las máquinas, donde los individuos vivían una ilusión de la que solo podían despertar al tomar la “red pill”.

Para los “incels”, la realidad está definida por la llamada proporción 80-20: el 80 % de las mujeres solo se sienten atraídas por el 20 % de los hombres. Este supuesto, junto con la victimización como respuesta a las frustraciones personales y el rechazo constante por parte de las mujeres, alimenta un ideario que coloca el sexo en el centro de toda relación humana.

El rechazo derivado de su ausencia de relaciones sexuales motiva la construcción de una versión del mundo tan alejada de la realidad que no se cuestiona: simplemente se crea a medida. Se refuerza colectivamente en foros, comunidades, canales de Telegram y múltiples plataformas, donde sus miembros continúan edificando su particular visión del mundo.

En el ecosistema digital contemporáneo, las redes sociales no solo amplifican mensajes, sino que configuran realidades a la medida de cada usuario. En este entorno, la hiperrealidad descrita por Baudrillard se materializa: las representaciones sustituyen a los hechos y el simulacro se convierte en la única referencia. Las comunidades incel encarnan esta dinámica de forma paradigmática. Su discurso nace de experiencias individuales de frustración, pero se consolida en un espacio virtual que alimenta y legitima una visión distorsionada del mundo. Allí, la repetición de narrativas y símbolos crea una realidad cerrada sobre sí misma, inmune a la contradicción y sostenida por la retroalimentación constante de sus miembros. En este escenario, la distancia entre lo real y su representación no solo se ha difuminado: ha sido sustituida por una versión de lo real diseñada para reforzar la identidad y la cohesión del grupo, donde el hecho deja de importar y la narración lo es todo.

¿Hasta qué punto estas realidades fabricadas pueden convertirse en caldo de cultivo para la radicalización y la violencia? ¿Está la criminología preparada para investigar y prevenir delitos cuyo origen se gesta en un mundo que solo existe en la pantalla?

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