Reconstrucción de los hechos
En la madrugada del 7 de junio de 2004, entre las cinco y las seis de la mañana, un individuo se posiciona en la azotea del edificio ubicado en la calle Jesús María Ordoño N.º 14, en Burgos. Allí, una huella de zapatilla Dunlop de talla 42-44 será el único rastro que dejará antes de entrar en el hogar de la familia, compuesta por Salvador, su esposa Julia y su hijo menor Álvaro. Rodrigo, el hijo mayor, no estaba presente esa noche, pues residía en un internado de Aranda del Duero.
Posteriormente el agresor se introduce en el domicilio familiar, sin forzar la cerradura ni ninguna otra entrada. Una vez dentro, se dirigió a oscuras al dormitorio conyugal, con un cuchillo de doble filo de 8-9 cm y una barra metálica. Allí dormían Salvador y Julia. Atacó en primer lugar al padre, Salvador, asestándole una serie de puñaladas y golpes. Después de haberlo atacado brutalmente y creyendo que yacía muerto, se dirigió hacia Julia que, al presenciar la escena con horror, se acurrucó a los pies de la cama. La atacó asestándoles golpes y 17 puñaladas.
Una vez hubo acabado con la vida de Julia, se dirigió a la habitación del pequeño Álvaro, de 11 años que, tras ser testigo de todo lo ocurrido a sus padres, yacía atrincherado en su habitación, debajo de la cama, con el pestillo echado. Al comprobar que la puerta estaba cerrada, el asesino le asestó una fuerte patada para abrirla, hecho por el cual queda en ella la impronta de una zapatilla, similar a la encontrada en la azotea, pero esta vez con restos de sangre. Arrastra al pequeño de debajo de la cama y, tras un forcejeo, lo asesina en el pasillo, infligiéndole 32 puñaladas y varios golpes.
Mientras se producían estos ataques el padre, que aún no había fallecido, se dirigió a la puerta principal gateando -tal y como indican los restos de sangre- e intentó abrirla, pero se encontraba cerrada con llave. Al no poder escapar, se dirigió a la cocina (que se encontraba al lado) e intentó refugiarse allí. Sin embargo, es finalmente asesinado en la cocina, debajo de la mesa, tras recibir 50 puñaladas y golpes no mortales.
Uno de los aspectos distintivos de este crimen es que, en algún momento y sin poder precisar cuándo, el asesino degolló a todos los miembros de la familia una vez estaban muertos. Una acción que no era necesaria para la perpetración de los asesinatos.
Estos fueron los hechos acaecidos la madrugada del 7 de junio, en un edificio de Burgos, cerca de una comisaría de policía, sin apenas testigos ni indicios. En el lugar solo se alcanzó a encontrar las improntas de las armas utilizadas, de los guantes, de las zapatillas (tal y como fue reflejado) y el hecho de que el autor pueda ser ambidiestro.
Lo relatado es una somera reconstrucción del los hechos, sin ánimo de exhaustividad, que no hace referencia a aspectos como: la rutina de las víctimas, el estilo de vida, el poder adquisitivo, las relaciones familiares y vecinales, la existencia o no de enemigos… entre otros muchos datos que están extraordinariamente recogidos en este fantástico trabajo de Andrea Fernández Gil.
Análisis utilizando las fases del método V.E.R.A.
1. Análisis de la reconstrucción
Dicho análisis implica examinar el modus operandi, la firma y el ritual del autor del crimen, basándonos en los datos recopilados.
- Modus Operandi: se refiere a las conductas que permiten al agresor llevar a cabo el crimen y escapar con éxito. En este caso, el agresor demostró un alto nivel de planificación. Se destacó por haber esperado pacientemente en la azotea hasta encontrar el momento oportuno para entrar en el domicilio sin necesidad de forzar la entrada, lo que sugiere que probablemente contaba con un juego de llaves. Cerró la puerta principal con llave desde el interior para asegurarse de que ninguna víctima pudiera escapar. Además, no dejó evidencias biológicas, más allá de las huellas de zapatilla, lo que denota una ejecución limpia y calculada. Las armas utilizadas y la secuencia de los hechos indican una clara premeditación y control del entorno.
- Firma: En el método VERA, la firma se define como la integración del modus operandi, el ritual y la escenificación. En este caso, el uso simultáneo de dos armas (un cuchillo de doble filo y una barra metálica) constituye una parte esencial de la firma del autor. Este detalle, junto con la forma en que se llevó a cabo el ataque, subraya un comportamiento distintivo del agresor.
- Ritual: implica las acciones que satisfacen las necesidades psicológicas del autor y no son necesarias para la ejecución del crimen. En este caso, el degüello post mortem de las víctimas representa una conducta expresiva que no era indispensable para llevar a cabo los asesinatos. Este acto puede estar vinculado a fantasías del autor o a un deseo de asegurarse de que las víctimas estuvieran muertas, particularmente después de que Salvador sobreviviera a los primeros ataques. El degüello puede sugerir una motivación emocional profunda y reflejar el carácter ritualizado del crimen.
En resumen, el análisis del modus operandi, la firma y el ritual indican que el agresor es una persona meticulosa, con un alto grado de planificación y control. El comportamiento ritualizado y el ensañamiento post mortem sugieren una motivación emocional compleja, probablemente vinculada a la venganza o el odio. El uso del método VERA facilita la identificación de estos patrones conductuales, lo que permite perfilar a un autor con conocimientos del entorno de las víctimas.
2. Análisis de la escena
En la reconstrucción del crimen es esencial identificar las diversas escenas involucradas: escena de abordaje, escena de consumación, escena de abandono, escenificación corporal...
- Escena de abordaje: La escena de abordaje, consumación y abandono coinciden: el domicilio de la familia. El abordaje fue sorpresivo y el control de las víctimas se logró rápidamente, sin necesidad de cuerdas, ligaduras o elementos de coerción. El agresor utilizó la muerte directa como método de control. Esta falta de desplazamiento o transición física entre escenas refuerza la idea de que el agresor actuó con rapidez y eficacia para evitar interrupciones o fallos en la ejecución.
- Patrón de heridas: El ensañamiento con Salvador fue mayor en comparación con las heridas infligidas a Julia y Álvaro, lo que podría sugerir una motivación personal hacia el padre. El uso de múltiples heridas indica un alto nivel de violencia, lo que podría estar relacionado con un vínculo emocional fuerte o sentimientos de odio hacia la víctima principal.
No se observan indicios de que el agresor intentara ocultar los cuerpos, lo que sugiere que (en un primer momento) el objetivo era ejecutar el asesinato y no encubrir el delito.
3. Análisis de las víctimas
¿Qué características hacían a estas víctimas atractivas para el agresor? ¿Por qué esta familia en particular?
La elección de las víctimas no parece ser fortuita, ya que no se encuadran en la Teoría de la oportunidad (víctimas escogidas por estar en el momento y lugar propicio). Esto refuerza la hipótesis de que el crimen fue planeado con antelación. El hecho de que no se encontraran indicios biológicos del autor sugiere una meticulosa preparación. Las víctimas no se ajustan al perfil de accesibilidad habitual, ya que se encontraban en su propio domicilio, un lugar donde no esperaban ser atacadas. Sin embargo, su vulnerabilidad fue alta una vez que el agresor logró entrar en la vivienda.
En resumen:
- Autor: Alto riesgo personal debido a la planificación necesaria para acceder al domicilio y llevar a cabo el crimen.
- Víctimas: Baja accesibilidad debido a su ubicación en un lugar privado, pero alta vulnerabilidad por el contexto doméstico.
4. Análisis del autor
Basándonos en el análisis del método VERA y los elementos del crimen, se pueden formular varias hipótesis sobre el perfil del autor:
- Características físicas y demográficas: El autor sería un varón joven, probablemente en sus finales de adolescencia o en sus 20 años. Su altura rondaría los 190 cm y su calzado estaría entre las tallas 42-44, según las huellas encontradas en la escena. Se trata de una persona físicamente fuerte y ambidiestra, lo que sugiere destreza en el uso de ambas manos durante los ataques. Esto se apoya en el hecho de que las direcciones de los degüellos eran diferentes. Si embargo, esta distinción puede responder a la posición de agresor y la víctima.
- Relación con las víctimas: Es probable que el autor conociera personalmente a la familia y tuviera acceso al domicilio, lo que le permitió no forzar la entrada. Esta hipótesis refuerza la posibilidad de que se trate de un crimen intrafamiliar o perpetrado por alguien del círculo cercano a las víctimas. Por ejemplo: sabía que Salvador estaría en el domicilio, cosa que no era habitual, lo que indica un conocimiento detallado de sus rutinas.
- Motivación: Se descarta el móvil económico, lo que apunta a un motivo de odio o venganza. El objetivo parecía ser la eliminación total de la familia, lo que sugiere un vínculo emocional o conflictos previos con las víctimas, especialmente con Salvador. Es probable que el autor tenga dificultades para formar vínculos afectivos sólidos, mostrando una personalidad fría, manipuladora y egocéntrica. Este tipo de comportamiento puede estar relacionado con una estructura psicológica cerrada y una tendencia a ocultar su violencia.
- Inteligencia emocional: El autor parece tener un bajo nivel de inteligencia emocional, ya que asesinar por odio refleja una pobreza de pensamiento crítico y una baja empatía. El hecho de haberse llevado algunos objetos, como es el caso de la cartera de Julia o, posiblemente, un collar que solía llevar siempre (se encontraron abrasiones al rededor del cuello de la mujer), puede ser entendido como la apropiación de trofeos tras la comisión de los asesinatos.
En conclusión, se trata de un individuo metódico, sin antecedentes criminales, que probablemente ha ejercido violencia psicológica previa al crimen, pero de forma poco perceptible. Su perfil psicológico sugiere una posible psicopatía, ya que presenta una alta capacidad de planificación y control de la realidad, así como una violencia instrumental y fría.
